01 octubre, 2019

Mi experiencia con el AUDIODESC


¡Hola a todos!

Sí, hoy vengo mucho más animada. Y es que  mi mamá salió mucho mejor en sus estudios y parece que se ha curado milagrosamente.

Pero bueno, este post no va de lo contenta que estoy por ello, sino de que finalmente probé con mis propios oídos cómo funciona el AUDIODESC, el sistema descriptivo que se utiliza en las películas para los invidentes. Este sistema consiste en que una voz humana vaya describiendo lo que sucede en los momentos de silencio, así, la persona  discapacitada puede irse imaginando las escenas…y es toda una pasada, créanme.

Yo lo probé en Netflix, específicamente en la película Bird Box, la cual he disfrutado como no tienen una idea y que además está buenísima. De verdad se los recomiendo, asimismo me complace informarles que este sistema ya no solo está en España, sino también en diversas páginas de internet, en donde pueden descargar las películas en formato mp3 y llevarlas en sus celulares a donde quieran.

Y bueno, creo que es todo, insistirles con que prueben el AUDIODESC en Netflix o busquen en google “películas con AUDIODESC”, verán que no se van a arrepentir.

¡Besos y abrazos, se les quiere!

22 agosto, 2019

Angustias personales


Hola a todos:

Ya sé, que no tengo perdón de Dios de aparecerme hasta tres años después, pero muchas cosas han pasado en mi vida y tuve que dejar este blog por mantener el literario entre otros menesteres.

No obstante, hoy no vengo con buenas nuevas, sino sintiéndome todo lo angustiado que se puede sentir una persona como yo (invidente, con lupus y epiléptica) y es que, mi madre está enferma pero no saben que es lo que tiene. La semana entrante irá a ver a un especialista, pero mientras tanto yo estoy llorando y con el Jesús en la boca. Ya sé, debería tener fe y mantenerme fuerte para ella, pero en lo único en que puedo pensar es en qué voy a hacer si se me muere. Sigo sin poder trabajar las ocho horas corridas, por ende no tengo un empleo que me dé de comer. Y mis libros tampoco me están retribuyendo monetariamente todavía.

Estoy intentando conseguir editorial para mi libro de superación personal, por favor, si alguien sabe de alguna, póngase en contacto conmigo escribiendo a: itzabellaortaceli@gmail.com.

Desde ya, gracias a todos y les deseo una linda noche.

30 octubre, 2016

Cosas curiosas


¡Hola a todos!

Ya sé, que a esta pobre criatura la agarro cada que se me antoja…pero bueno, espero, además de irle dando forma de diario informativo sobre la discapacidad visual, convertirla también en algo personal, una especie de bitácora dónde compartir mis peripecias personales, fuera del ámbito literario.

Resulta que el día de ayer renuncié a mi trabajo principalmente, por cuestiones de salud. Es sumamente difícil entender que no puedo rendir ocho horas de trabajo como los demás, porque simplemente, mi cuerpo colapsa. Es algo que todavía no supero, si he de ser honesta, el hecho de tener un cuerpo tan debilucho y enfermizo, y me enfurece hasta las lágrimas, lo juro, pero tampoco es algo que esté en mis manos solucionar.

La cuestión es que mi principal preocupación radicaba en que por supuesto, ya no voy a tener ingresos monetarios, e independientemente de que soy una compradora compulsiva, la mitad de mi quincena se la daba a mi madre, para que ocupara ese dinero en lo que ella necesitase. El caso es que ya no podré darle ese poco o mucho apoyo. Y me sentía bastante mal, angustiada incluso, porque aunque no nos estamos muriendo de hambre en mi casa, bueno, me choca sentir que no puedo ayudar a mi madre de algún modo.

Así que desde anoche comencé a orar para que Dios me ayudase a sacar algunos pesos de mis letras, a saber, a lo mejor puedo vender cartas navideñas, o trabajar para alguna empresa que necesite de servicios de redacción. Y por supuesto, me pregunté de qué carajo me servía que tuviera cierto número de lectores aquí o allá, o menciones honoríficas, o publicaciones…si nada de eso me daba un quinto para aportar a mi casa.

El caso es que acompañé a mi hermana a comprar comida (unas gorditas que son una exquisitez), y mientras compartíamos un refresco me topé con la sorpresa de que el dueño del negocio es uno de los profesores que me dio clases en la preparatoria. Yo lo saludé, muy contenta, y a él también le dio mucho gusto verme…pero casi me desmayo cuando me dijo que no eran nada de las diez gorditas ni del refresco, porque él nos las iba a invitar. Y no estamos hablando de cinco pesos.

Desde entonces he pensado muchas cosas durante el transcurso del día. A lo largo de mi caminar me he topado con mucha gente, pero en realidad no me doy cuenta del impacto que causo en ella, porque vaya, no es mi intención ser el centro, más bien procuro vivir la vida lo mejor que puedo, como cualquier otra persona. Sin embargo, esa gente me recuerda con mucho cariño. Algunos me admiran, y yo no entiendo por qué. «Porque haces cosas extraordinarias», me han dicho, pero yo sigo sin ver nada de eso.

Y aunque mis letras no me dan para subsistir todavía, al menos sé que mi torpe mortalidad nos consiguió, a mi familia y a mí, gorditas para comer, y eso me hace sentir sumamente agradecida con mi maestro, con la vida, y con aquel que está allá arriba. En fin, que espero que mi maltrecho cuerpo se recupere y pueda conseguir un nuevo empleo…si alguien sabe de algo relacionado con letras o psicología, ya saben, no duden en avisarme.

¡Feliz noche a todos!

09 marzo, 2016

De gente sin vergüenza y leyes que son una burla


Bien, vamos a ver…intentaré ir por partes para que no se hagan bolas y puedan entender este artículo al completo.

Primeramente, decir que aparte de mi ceguera, tengo una enfermedad llamada Lupus, la cual afecta mi sistema nervioso. Esto me hace cuidarme del sol, saber trabajar el estrés, no desvelarme entre otras cosas. De igual forma, hará cosa ya de un año que me diagnosticaron epilepsia en el lóbulo temporal, lo cual, es un poquito más complicado de explicar.

En resumen, los síntomas que presento cuando me da un ataque son: alucinaciones, dolor de cabeza, contracción de los músculos, (cosa que duele como el mismísimo infierno, por cierto) irritabilidad, aturdimiento, fatiga, y en general, tengo una seria incapacidad para tolerar los ruidos fuertes, porque son estos los que en su mayoría, me disparan los ataques.

Ahora sí, pasemos al meollo del asunto.

Soy de las que no se auto compadece. Soy, de las que se ha abierto camino a codazos, entronconazos con la gente y tropezando y cayendo más de una vez, pero siempre volviéndome a levantar. Si se me presenta un obstáculo busco resolverlo, hacer las cosas por mí misma. En la universidad, por ejemplo, si teníamos que leer un libro lo buscaba en PDF por todos los medios para tener acceso a él. Con la PC, intento ingeniármelas para utilizarla como cualquier otra persona, ya que el lector de pantalla no siempre puede acceder a todas las páginas a las que necesito entrar. Si cuando tengo un evento tengo que subir escaleras lo hago y punto. Si me estrello contra algo me sobo el madrazo y ya está.

Pero lo cierto es, que ahora con lo de la epilepsia, mi vida se ha visto bastante limitada, ya que no soporto la gran mayoría de los ruidos. Si tengo que salir a la calle, e incluso a reuniones familiares con poquita gente, tengo que tomar una bomba de medicamento que me droga los sentidos y el cerebro, a fin de no tener una crisis. Paso la mayor parte de los días encerrada en mi casa, pero he encontrado cosas que hacer, aunque no me reporten ninguna remuneración económica, yo las hago con todo el entusiasmo y el gusto, porque de eso a quedarme viendo como pasa la vida, prefiero hacer eso. Tengo un título en psicología que no puedo ejercer por lo mismo (lo cual me parece una ironía tremenda, porque me maté estudiando), me han publicado cuentos y hasta tengo una novela en papel, pero nada de eso me da para comer, porque mi novela fue autopublicada, lo que quiere decir que yo pagué el tiraje, es más, ni lo pagué yo, sino uno de mis tíos. O sea, que mi madre me sigue manteniendo, y eso sí me avergüenza y me encabrona. Pero bueno, la vida es como es y qué le vamos a hacer.

Empero, y a pesar de que me siento muy orgullosa de mis pocos o muchos logros, me ha ocurrido algo que no solo me parece irónico, sino una mentada de madre.

Y es que mi santo y virginal padre se ha atrevido a demandarme. Resulta que él nos pasaba una gran, descomunal pensión de cinco mil pesos para mi hermana y para mí (quien sigue en la universidad, una universidad privada, además), pero como se enfermó (várices esofágicas, principios de cirrosis) por tomar agua pura y alimentarse sanamente (nótese el sarcasmo), pues ahora ya no quiere pagar nada. Al fin y al cabo, pobrecito, tiene que dejar de beber y comer tantas porquerías grasientas…ah, y además alega una insuficiencia cardiaca que no le noto por ningún lado, para más, mi abuela que en paz descanse sí que no podía respirar (culpa del cigarro, gente, no fumen) y no se andaba con jaladas. ¡Pero eso sí! El señoritingo sigue saliendo de parranda, se va a comer tacos de puerco todos los fines de semana y, para recalcar, él si puede trabajar a diferencia mía.

Pero vaya, cinco mil pesos…es una miseria, ¿a que sí?

Lo que ha colmado el vaso de mi paciencia y mi cariño incondicional de hija ha sido el descaro. Ese descaro de que como su hija es brillante, tiene un título y además ya publicó un libro (no mencionó lo de la epilepsia porque no, eso no le conviene al hombre), entonces no necesita de él, quien sí se está muriendo y que ya no puede pasarle pero ni un céntimo. Esa poca vergüenza para poner en mi contra todo lo que he logrado partiéndome la madre y sin él (cosas que yo le compartí por imbécil, porque es mi padre y quería que se sintiera orgulloso de mí), pero eso sí, sin argumentar ni tener un poquito de consideración con el hecho de que puñeteramente no puedo percibir un ingreso monetario por una enfermedad que no pedí. Y todavía tiene el descaro de llamarme y decir que me quiere mucho…qué poca madre, con todo el respeto.

¿Y por qué yo no demando?

Pues ahí va la otra parte interesante: resulta que legalmente, solo se considera discapacitados a quienes presentan alguna incapacidad mental. O sea, que ya me jodí.

Ahora entiendo muchas cosas: porqué hay tanta gente pidiendo limosna en las calles, porqué los discapacitados no quieren salir adelante, porque corren el riesgo de que sus padres o tutores se caguen en ellos después, ya que encima, no hay ley que proteja a los que están en silla de ruedas, ciegos, sordos, con parálisis en alguna parte del cuerpo…Pero eso sí, al gobierno le encanta tomarse fotos con nosotros, decir que regalaron no sé cuántos bastones y silla de ruedas. Es una burla. Chingaderas, como diríamos en mi pueblo.

No voy a demandar porque no tengo dinero para un abogado, porque las leyes en México son una mierda y porque francamente, presentarse en los juzgados (cosa que para hacer, tendría que estarme drogando a cada rato) es tan desgastante, ya lo viví con el divorcio de mis padres, y te tratan mal, te gritan y te humillan, y encima los jueces se venden al mejor postor.

Pero necesitaba decirlo. Y pedirle a todos esos padres a los que les importa un pepino sus hijos… (Con discapacidad o sin ella), que por favor, no sean tan canallas como el mío. Si en verdad los quieren, muestren un poquito de consideración. El cariño no solo se dice de dientes para afuera, se demuestra. Los hijos aprendemos a amar incondicionalmente a los padres, desde pequeños ellos son nuestros héroes, y no tienen idea de lo horrible que es el que esa persona a la que tú tanto quieres se cague en ti. Por favor, les suplico no lo hagan.

Y respecto a las leyes de México…métanselas por donde mejor les quepa.

11 diciembre, 2015

Manuales I: Hora de comer



¡Bien! Hoy vamos a hablar sobre cómo diantres los invidentes comemos sin meter las manos o hacer un desastre en la mesa.


"Constituyendo las comidas para los ciegos los momentos más agradables de la vida; es muy importante para ellos que sepan comer adecuadamente, con el fin de poder aceptar una invitación". Emile Javal, 1905.
Aunque el hecho de alimentarse sea esencial al ser humano para sobrevivir, comer, como dice Emile Javal, tiene un carácter igualmente social. La pérdida de la vista entorpece la facilidad con la que se puede llevar a cabo el acto de alimentarse de forma aceptable para la sociedad.
Este manual sugiere técnicas que los ciegos pueden desarrollar para superar las dificultades que se les puedan presentar en la mesa debidas a la pérdida de la vista. A las sugerencias siguen métodos especiales que pueden ser empleados en el transcurso de una comida.


REGLAS GENERALES.


1. Establecer un "punto de referencia'' en la mesa, es decir, un objeto partiendo del cual se podrán encontrar los demás objetos. En este caso se tratará del plato.
2. Mantener el contacto con la mesa la mayar parte del tiempo, con objeto de evitar tropezar con un objeto perpendicular. Esto puede conseguirse rozando la superficie plana con el dorso de los dedos.
3. Durante la comida, sería conveniente inclinar el tronco ha cia delante de forma que la cara as encuentre encima del plato para el caso de que algo cayese del tenedor.
4. Se pueden reconocer los manjares por su aroma, por la sensación de calor o de frío y por su resistencia al cortarlos.
5. Recordar dónde están situados los cubiertos.
6. El peso del tenedor o de la cuchara indica la cantidad de comida que se ha cogido.
7. Se puede pinchar la comida, es decir, clavar los dientes del tenedor en la comida y llevarlo a la boca. Este método se utiliza para los alimentos sólidos como las judías verdes, patatas, etc, o bien se puede recoger la comida en el hueco del tenedor, es decir, introducir el tenedor en la comida, volverlo a poner en posición horizontal y llevarlo después a la boca. Puede utilizarse este método para las verduras en puré, las legumbres blandas, el maíz, los guisantes, etc.
8. "Anclar" siempre el plato, bien con la mano o manteniéndolo con un cubierto.
9. Cuando sa hace difícil recoger la comida, utilizar para em pujar un pequeño trozo de pan o un cuchillo.
10. Es necesario de vez en cuando localizar con el tenedor la comida que está en el plato y llevarla hacia el centro.
11. Las dos manos daban servir para mantener contacto y orientarse.
12. Si es necesario pregunte:


a) qué es lo que hay en el plato,
b) que le corten la carne,
c) que le ayuden a localizar los platos,
d) que le sirvan la salsa, etc.


Para leer el manual completo, visite:




Ahora, pondré un poco de mi propia cosecha, es decir, de mi propia experiencia:


Hay una técnica muy buena para comer que me enseñaron en la escuela a la que fui (Fundación ROMA, en Córdova Veracruz): se llama la técnica del reloj.


I.         Antes que nada, pregunte qué hay de comer, y tantee los alimentos con el tenedor (o cuchara, dependiendo de lo que sea el plato que se tiene delante) para ubicar su localización en el plato. Los olores y texturas pueden ayudar, pero es mejor estar seguros de lo que tenemos delante, para no hacer una batición.


II.        La técnica consiste en localizar las cosas a partir de las manecillas de un reloj imaginario.


III.      Para ello, figúrese que el plato es el centro del reloj.


IV.       Así pues, para localizar las cosas (esta técnica debe conocerla la familia, a fin de poder entenderla y colaborar con el invidente, incluso se puede enseñar a los amigos) debe imaginarse la ubicación de cada hora en el reloj. Por ejemplo: «A las doce está tu vaso, a las tres tus cubiertos y a las nueve tu servilleta»


V.        Cuando se busque encontrar algo, preferentemente rastréese el objeto con cuidado, despacio y utilizando el dorso de la mano, ya que los dedos son sagrados y si tocan algo caliente, pueden lastimarse y entonces sí, se quedará ciego.


VI.       Para cortar algo, y una vez con los cubiertos en la mano, localice con el tenedor la parte filosa del cuchillo. Se percatará de ello por la irregularidad del mismo y el sonido que producen los dientes al rozar con el tenedor. Ojo: no toque el cuchillo con los dedos, porque si este es muy afilado, puede cortarse y de nuevo, los dedos son santos de la devoción de cualquier ciego.


VII.     Tenga siempre a la mano —incluso, medio prensada con el borde del plato— una servilleta, para evitar cualquier accidente.


VIII.    También, para evitar que la comida caiga fuera del plato, debe ubicarse el borde del mismo con el tenedor, empujando los alimentos hacia el centro con ayuda del cuchillo, un pedazo de pan o de tortilla.


IX.       Para comer, inclínese ligeramente, así logrará que si el bocado se le cae, lo haga dentro del plato. Ojo para las mujeres: estiren tantito el cuello y tengan cuidado con que los senos no vayan a darle una mordida a lo que están comiendo. ¡Es horrible que se manche la ropa!


X.        Con respecto a la bebida, dele primero un sorbo al vaso, no sea que esté muy lleno y al empinárselo se lo eche encima.


Y yap, que si no este artículo se hace kilométrico. Para más información específica sobre cómo actuar en cada evento, les invito a que se lean el manual de la ONCE, que la verdad está muy completo.


Un saludito a todos, ¡y espero que esto les haya servido!


 

27 noviembre, 2015

Primero pienso, luego existo II: sobre la fuerza de voluntad y la mediocridad


¡Hola maravillas!

Bueno, afortunadamente mi estado de salud ha mejorado considerablemente, así que va siendo hora que me ponga de nuevo activa con este blog.

El otro día, mientras armaba todo mi C.V. para entrarlo a un concurso estatal no pude evitar asombrarme de todo lo que había conseguido, porque no sólo tenía mis documentos oficiales de estudios, sino un montón de reconocimientos extracurriculares, de aprovechamiento, talleres y pláticas que había impartido…sí, sé que a eso me dedico, pero me refiero a que hasta ahora no era plenamente consciente de la cantidad de papeles que validaban todas esas actividades, sin contar con el contenido de mi curriculum literario…el caso es que recordé todas las cosas por las que he pasado hasta ahora, las victorias y las derrotas, y no pude evitar que al conmemorar las injusticias se me llenaran los ojos de lágrimas.

En repetidas ocasiones he intentado contactar con invidentes de mi localidad, instarlos a salir adelante, a continuar con sus estudios, a aprender un oficio o de pérdida, a instruirlos en el uso del bastón blanco para que no lo tengan de adorno en su casa. Sin embargo, cada que he intentado llegar a la gente y moverles el tapete siento que me he topado con pared, no sé si porque nadie es profeta en su propia tierra, o porque a mi comunidad todavía le falta mucho para poder salir de esa zona de conformidad y mediocridad. Aquí, los discapacitados buscan que les den un apoyo económico el cual, yo pelearía si fuera verdaderamente sustancioso, pero raya en lo miserable; en vez de salir a la calle y o reunir firmas para que se nos ponga un camión para discapacitados la gente prefiere que el gobierno les dé despensas… ¿por qué? ¿Por qué en vez de luchar porque se nos dé la oportunidad de armarnos con nuestros propios medios para salir adelante (estudios, trabajo) las personas se conforman con mil quinientos pesos mensuales o una despensa?

No es que menosprecie este tipo de ayudas, sé que hay muchísima gente de escasos recursos a los que toda ayuda les cae de perlas, pero observando y valorando el talento y las habilidades de esas mismas personas, sé que podrían llegar mucho más lejos de donde están ahora. Pero no. La gente decide mejor quedarse sentada y extender la mano, o pasarse la vida gruñendo sobre que el gobierno debería darles despensa…

Pero así como esto es cierto, también lo es el hecho de que ir a contra corriente no es sencillo. A veces, y sólo a veces, imagino mi vida si mis padres —y mi familia en general— hubiesen optado mejor por dejarme encerrada en casa y retirarme de la escuela regular. Me habrían ahorrado muchos tragos amargos, gastritis, dolores de cabeza, colitis y demás padecimientos que me dan cuando el encabronamiento por las injusticias me supera.

Entonces, pienso en esas personas que han preferido quedarse en casa, extender la mano o conformarse con recibir un subsidio pequeñito o una despensa. Porque no es fácil salir y hacer frente al mundo. Se derraman muchas lágrimas, requiere una inversión monetaria y a veces hasta se desarrollan nuevas patologías por el desgaste que ello implica.

Con esto no estoy justificando la mediocridad y el conformismo, pero al repasar mi trayectoria y recordar los momentos amargos, creo entender un tanto a las personas que deciden mejor permanecer en su zona de confort, en vista de que lo que hay allá afuera no es precisamente un ramo inmenso de flores. Agarrar al toro por los cuernos no es fácil. Explicarle a la sociedad cómo hay que tratarnos no es para nada sencillo. Hacerle entender a los demás que también tenemos derechos y sentimientos es una tarea que puede dejarte extenuado.

Pero, y aquí es donde radica la diferencia entre los que prefieren con formarse y los que decidimos levantarnos y seguir pese a los raspones, aparte de los sinsabores, las lágrimas y los tragos amargos, también hay beneficios tremendos de no dejarse amilanar: cuando te entregan tu título y puedes decir que eres licenciado, ingeniero o demás; cuando después de dar una conferencia el estadio irrumpe en aplausos; cuando un joven se te acerca y te pregunta, con toda la timidez y admiración propias de un adolescente, cómo chuchas le haces para moverte o para seguir estudiando; vaya, el simple hecho de salir a la calle e ir de compras, y que sabes que no falta el curioso que voltea a verte con la boca abierta hasta que se da un porrazo (jajajajajajaja) o bien, el clásico niñito de dos o tres años que llega corriendo a querer jugar con tu bastón, o que te pregunta a bocajarro por qué usas ese palito para caminar y dónde puede conseguir uno, antes de que la mamá llegue muerta de vergüenza a llevárselo.

Todas esas cosas y más, son las que hacen que el llanto, la soledad, la impotencia y las injusticias por las que tenemos que pasar valgan la pena. Hay muchas cosas desagradables en mi vida que cambiaría (sorry, pero no soy tan optimista como para decir lo contrario), pero que sé que de hacerlo, la persona que está aquí escribiendo simplemente no existiría, y eso ya es algo a lamentar, no por ser pretenciosa, sino más bien, porque amo este blog y amo compartir mis experiencias, experiencias que no tendría de no haber vivido todo lo que he vivido.

No sé si sea mi gente, o quizá que no he encontrado la manera de llegar a ella, pero sea quien sea el que lea este blog, le animo a salir adelante, a pesar de las dificultades, a pesar de que en estos precisos instantes el agua nos llegue hasta el pescuezo, al final todas esas amarguras pasan, y entonces viene lo bueno, las estrellas para atesorar y cuyo brillo nada ni nadie nos podrá arrebatar nunca.

Porque vivir vale la pena…sin importar el qué.

19 junio, 2015

Definición III: el bastón blanco.


¡Buen día, mundo!

Vale, hoy me siento lo suficientemente fuerte como para colgar esta breve nota que espero ilustre y eduque a varios.

Hoy hablaremos del bastón blanco.

 

¿Qué es?

El Bastón Blanco es un instrumento que identifica a los ciegos y deficientes visuales y les permite desplazarse en forma autónoma. Sus peculiares características de diseño y técnica de manejo facilitan el rastreo y detección oportuna de obstáculos que se encuentran a ras del suelo.

 

Su historia:

Durante los primeros seis años de la década de los treintas, fueron promulgadas diversas disposiciones legales, primero en Illinois, y más adelante en Detroit, encaminadas a garantizar el tránsito libre y seguro de los peatones ciegos. por iniciativa del Club de Leones de la Unión Americana, durante la celebración de su Convención Internacional, realizada en 1931 en Toronto, Canadá, el abogado Donald Schuur promovió el uso del Bastón Blanco entre los faltos de vista, concebido un año atrás por George A. Bonham, Presidente de dicha agrupación filantrópica, llevándose a cabo una intensa campaña de información entre la ciudadanía sobre apoyo vial a los ciegos, a la par de un programa de recaudación de fondos para la adquisición de bastones que serían donados a quienes así lo requirieran; y tiempo después, en 1964, se instituyó el 15 de octubre como El Día Mundial del Bastón Blanco.

Una vez concluída la Segunda Guerra Mundial, se desarrollaron las técnicas de movilidad y orientación con el Bastón Blanco. Fue en el hospital de Valley Forge Veterans en Pennsylvania, Estados Unidos, durante la realización de un programa de rehabilitación para militares ciegos, donde el sargento Richard Hoover, Director de Rehabilitación Física, Orientación y Recreación advirtió que los carentes de vista se desplazaban con ayuda de bastones que les servían como apoyo pero que no les permitían anticipar los obstáculos que encontraban a su paso. De este modo, creó un bastón liviano, con un tamaño simétricamente proporcional a la estatura media de la persona. Determinó que fuera blanco con la parte inferior de color rojo, convirtiéndose desde entonces en símbolo universal de la independencia y libertad para el desplazamiento de las personas con discapacidad visual.

 

Características:

También conocido en otras latitudes como Bastón Hoover, generalmente se elabora con tubos de aluminio plegables entre sí mediante un resorte elástico. En la parte superior, la empuñadura es de goma, lo cual permite tomarlo con soltura y mayor comodidad. En el extremo inferior tiene una puntilla con un deslizador metálico rodante. Además del Bastón Blanco plegable, también existen otros modelos que son completamente rígidos y con la empuñadura curveada.

A decir de la mayoría de los ciegos que usan el bastón plegable, éste es más práctico porque al doblarse generalmente en cuatro tramos, puede guardarse fácilmente dentro del portafolio, mochila o en el cajón del escritorio; mientras que el modelo rígido, si bien es más durable por su consistencia, muchas veces resulta estorboso y poco funcional para la localización de obstáculos.

 

Requisito importante:

 El tamaño del Bastón Blanco debe llegar a la altura del esternón, y la medida varía de acuerdo a la estatura. Hay bastones de 1.05, 1.10, 1.15 y 1.20 metros. En consecuencia, un bastón corto no permite detectar a tiempo los obstáculos, además de que origina esfuerzos innecesarios y maniobras incorrectas al momento del desplazamiento de la persona ciega, ocasionando fatiga, torpeza para caminar, trastornos musculoesqueléticos,e incluso, caídas y tropezones.

 


 

Sobre conducir a una persona ciega que posee un bastón blanco:

*Cuando ayude a alguien a cruzar la calle, por favor, no sujete ni levante el bastón blanco, o literalmente dejará ciega a la persona.

*Ofrezca su brazo a la persona ciega, quien deberá sujetarlo bien sea por el hombro o a la altura de la articulación (del codo), siempre caminando un paso por detrás de usted.

*No tome de la mano a una persona a la hora de ayudarla a cruzar la calle, debe ser ella quien lo sujete y se coloque un paso por detrás de usted.

*La persona invidente no debe caminar a la par de su acompañante, o corre el riesgo de trabarle los pies con el bastón o bien, de no identificar a tiempo las señales de movimiento (subir, bajar escalones o bien, torcer hacia la derecha o izquierda) que indique su cuerpo.

*Si ha de pasarse por un lugar estrecho, debe informarse al invidente antes de cruzar, y colocar la mano a la espalda para que este se sujete a su muñeca o a esta misma, a fin de caminar en fila india, siempre por detrás de la persona que guía.

 

¿Te ha sido útil este artículo?

28 mayo, 2015

Sobre futuras ausencias


Hola caracolas =)

Esta entrada es para hacer un anuncio, de hecho será publicada en el resto de mis blogs.

Desafortunadamente no me será posible actualizar cada semana como lo venía haciendo, ya que mi estado de salud es algo delicado en estos momentos, y por ende, no puedo sentarme frente al ordenador tanto como me gustaría. Lo mismo aplica para la actualización de mis historias, de verdad, una disculpa enorme por eso.

La cuestión es que el lupus —la enfermedad que tengo desde los once— me está dando algo de guerra, y recientemente me ha desencadenado una serie de ataques epilépticos bastante desagradables, los cuales, acaban tumbándome, dejándome muy cansada y con problemas para conectar e hilar ideas. Por eso mismo, no podré actualizar con la misma frecuencia, aunque intentaré mantener los blogs lo más activos posible, ¿está bien? Pero si de repente desaparezco, no se me desesperen, al contrario, ténganme un poquito de paciencia, porque seguramente mi ausencia se deba a la latosidad de las crisis.

Nuevamente, una disculpa para quien esto pueda significar un problema, pero qué le vamos a hacer, así es esto de los abarrotes y ni modo, a tirar padelante lo mejor posible.

Aun así, ya saben, dudas, comentarios o sugerencias, ¡tecleen que yo los leo!

14 mayo, 2015

Primero pienso, luego existo I: Sobre ideas retrógradas que aún prevalecen


«El discapacitado es quien debe adaptarse a la sociedad, no la sociedad al discapacitado.»


Esta es una frase que muchos, muchos de mis profesores erigieron como bandera durante mi época de estudiante, y en algunos casos no me quedó otra opción que joderme y aprender a torearlos, y en otras, sí que pude defenderme y sacar las garras.

Lo que me parece inadmisible es que en pleno 2015, esta idea tan retrógrada prevalezca entre la gente, entre personas que supuestamente tienen educación y un millón de títulos y posgrados. Me parece inconcebible que hablemos de liberación femenina, que se armen los escándalos del siglo cuando alguien ve a un chuchito que cojea  (que no tengo nada en contra de eso, me encantan los perros y odio cuando alguien los lastima por diversión), que se defiendan los derechos de la comunidad LGBT, y sin embargo, se siga creyendo que el discapacitado sea quien debe adaptarse a la sociedad, y no la sociedad al discapacitado. De verdad, no lo entiendo, y para quienes todavía emplean este argumento tan arcaico, dispensen que lo diga de una forma tan ruda, pero ocupar esta frase no es más que un reflejo de su propia ignorancia, de que no tienen idea de cómo tratar a una persona con discapacidad, o peor, que les aterra la idea de acercarse a una (por la razón que sea).

Vamos a ver, intentaré ponerme en ambas posiciones, porque antes de ser discapacitada era una persona como la media de la población, y soy de las que intenta casi siempre ponerse en los zapatos de los demás.

Cuando una persona con discapacidad solicita que el entorno o el material sea adaptado a sus necesidades, parece muy lógico pensar que es problema del invidente —recordemos que este es un blog que habla sobre la ceguera— el adaptarse a ese entorno y o al material, y no al revés, porque, en apariencias, es más sencilla esta opción que invertir tiempo, energía y recursos en adaptaciones arquitectónicas, educativas y o comunicativas. Es más sencillo, en apariencias, que el ciego se las ingenie para andar en la calle, en vez de que se construyan rampas en cada esquina; es más fácil que le lean los libros en su casa a que yo, como profesor, ocupe técnicas varias para enseñarle en el aula; es más fácil que alguien le describa lo que pasa en la tele a que se implemente la tecnología «audio descriptiva» (Audesc) en los programas más comunes (y ojo, digo los más comunes, no en toda la programación).

Porque al fin y al cabo, la sociedad no tiene la culpa de que esa persona haya quedado ciega o naciera así. No es pedo de la sociedad que esa persona sea tuerta, tenga cataratas o una tremenda bizquera…seguro algo malo hizo y por eso Dios lo castigó. Pero en definitiva, no es culpa de la sociedad.

Una cosa sí es cierta: la sociedad no tiene la culpa de que unos seamos chocos y otros no (nadie tiene la culpa, creo yo, simplemente son cosas que pasan), también entiendo la conmoción que vive un maestro regular cuando de repente llega un alumno invidente a su clase, porque si bien la escuela puede anunciar a los cuatro vientos que da apoyo a los discapacitados, ello no significa que sus maestros estén preparados para dicha experiencia. Sin embargo, «el discapacitado es quien debe adaptarse, y no yo a él», no es, ni por asomo, una excusa válida para negarse a hacer las adaptaciones pertinentes ante sus necesidades especiales.

¿Y por qué no? La respuesta es muy simple: porque el que tiene todos sus sentidos, amigo mío, eres tú. Me dirás: « ¡Pero yo no tengo la culpa!» No, pero el invidente en cuestión tampoco la tiene. Y aquí hay dos verdades: tú estás completo (o eso se supone), y el ciego es, como tú, un ser humano. Y si no mal recuerdo, todos los seres humanos tenemos los mismos derechos, sin importar el qué. Y eso incluye derecho a estudiar, a transitar por la banqueta sin partirse la madre, y a disfrutar de la tele sin depender de nadie para hacerlo.

Por otra parte, me gustaría que entendieras todo lo que implica el que un invidente se adapte a una sociedad enteramente visual, que, contrario a lo que muchas personas piensan, sí hacemos, desde el instante en que ponemos un pie fuera de nuestras casas:

Para empezar, el bastón blanco no es gratis (o al menos, a mí no me salió gratis), y usarlo no es nada más moverlo de un lado a otro. Utilizar correctamente el bastón blanco implica entrenamiento. Es más, los sentidos, el resto de sentidos que le quedan a una persona ciega, no se desarrollan por arte de magia, tal y como te lo ponen en las pelis. Una parte de ellos sí, pero otra, necesita ser entrenada rigurosamente, y ese entrenamiento no lo dan a la vuelta de la esquina, desafortunadamente no hay centros que nos capaciten para la movilidad en todas partes. Ni hablar de los perros lazarillo. Esos, aparte del entrenamiento que deben llevar junto contigo (que tampoco es gratis) comen (y bastante, son razas grandes), deben ser vacunados y aseados. Has cuentas, sólo en comida, vacunas, jabón y agua (suponiendo que se bañe en casa de su dueño, que creo que así debe ser, no sé, nunca he tenido un perro guía) ¿Cuánto es? Sale cariñoso, compañero, y apenas empiezo.

Ahora, ten en cuenta que muchos de nosotros aparte de la ceguera, tenemos otras enfermedades, ¿y qué crees? Las medicinas tampoco nos salen gratis. Medicinas que tomamos a diario, por cierto. Y hay más: tenemos que comprar papel especial para puntear el braille, además de que ni la regleta, ni el punzón, ni la máquina Perkins (una máquina de escribir, pero que puntea braille en vez de escribir en negro) son gratis, o bien (amén por la tecnología), comprar una computadora portátil para poder instalarle un lector de pantalla (un software que nos lee todo lo que hay en la pantalla y que nos permite usar el ordenador, el cual, a saber y siendo estrictos, tampoco es gratis) para así, tomar apuntes en las clases. « ¡Cling, cling!» Hace el signo de pesos. Y estoy hablando de un invidente que apenas y usa lo básico (sin contar el ordenador, claro). Ahora, si quieres que me ponga moderna y te hable de aparatitos fregones y especializados, ahí te va: un termómetro clínico parlante está en 433 pesos mexicanos. Un baumanómetro parlante en 2740 pesos. ¿Y eso como para qué? Pues para ser independiente, compañero, ¿o es que te piensas que mi mamá está todo el tiempo en casa o va a ser eterna? ¿Y qué tal si un día la que se enferma es ella? Tocarle la frente no es suficiente, y mis yemas de los dedos no son tan chingonas como para medir la presión arterial.

Y sólo te he hablado de lo económico…pero eso, para que veas que no nos regalan nada, y que nos cuesta bastantito adaptarnos a la sociedad.

« ¡Ya, lo que tú quieres es que te tengamos lástima!»

No, amigo vidente, nada más alejado de la realidad. Más bien, me gustaría que incluyeras una nueva palabra en tu vocabulario: consideración. No, no, no es sinónimo de lástima, ni de obligación. Te explicaré: la lástima es pasiva, la lástima es cuando te quedas viendo a alguien y dices (para tus adentros o en voz alta): « ¡ay, pobrecito!», sin hacer nada. Yo no quiero que hagas eso. Yo lo que quiero, es que cuando te topes con una persona ciega en la calle te acerques y le preguntes si necesita ayuda, en vez de partirte de risa o quedarte pasmado sin saber qué hacer.

Me gustaría, que si te llega un alumno invidente te informaras, te capacitaras, le ayudases a sacar sus estudios adelante, en vez de ponerle las mil trabas, o peor, ignorarlo como si no existiera. ¿Qué no te pagan extra por ello? Lo sé, compañero, y te entiendo, soy de las que cree que la institución que acepta invidentes debería pagar la capacitación de sus maestros, o al menos, contar con un maestro de educación especial, o de pérdida, con un psicólogo capacitado (porque no todos los psicólogos saben al respecto, a menudo e irónicamente los psicólogos son los que más tienden a discriminar, y me da mucha pena decirlo), pero por desgracia, no todas las instituciones son así. Sin embargo, te aseguro que si te preocupas por el tema, ese niño, adolescente o joven invidente jamás se olvidará de ti, porque si algo tenemos, amigo vidente, es que no olvidamos a las personas que alguna vez nos echaron la mano. No que nos regalaron calificación, a nosotros nos gusta ganarnos las cosas por nuestros propios méritos, sino que se preocuparon por nuestra discapacidad y se esforzaron porque entendiéramos la clase. Y si la gratitud de una persona en situación vulnerable no te vale…entonces, no sé qué más te puedo decir.

Pero no puedo obligarte. Y esto va para las personas ciegas: por más leyes que existan, no se puede obligar a la sociedad a ayudar, porque la ayuda, la verdadera ayuda, es voluntaria. Así como consideración no es sinónimo de lástima, tampoco lo es de obligación. No significa que no podamos alzar la voz, claro que podemos, estamos en todo nuestro derecho, pero al menos a mí, la vida me ha enseñado que cuando llegas exigiendo algo, sacudiendo las leyes como si fueran un estandarte, lo único que consigues es violentar a la gente, porque al final de cuentas, la violencia sólo engendra más violencia. Y si a lo mejor consigues algo…al final la experiencia resulta tan desgastante, y te hacen tanto daño, que te quedan muy pocas —sino es que nulas— energías para poder continuar. Y en la vida de un discapacitado, se necesita la energía para poder caminar, porque la senda que recorremos, no es precisamente llana.

Con todo esto quiero decir que entiendo a las personas «normales» que se enfrentan a una persona con discapacidad visual por primera vez, pero me gustaría que tuvieran eso, un poquito de consideración antes de soltar la frasecita que aparece al inicio de este artículo. Hablar es muy sencillo, pero contemplar toda la panorámica, más aún, vivirla, es algo completamente distinto.

Y a las personas que no ven, por favor, no sean déspotas a la hora de pedir las cosas. Sí, tenemos derechos, somos seres humanos como cualquiera y a veces tenemos días en los que el cansancio de todas las injusticias que traemos encima puede más, pero recuerden, por favor recuerden, que en la forma del pedir está el dar.

Y por último, para todos aquellos que deseen capacitarse o concientizar a determinado grupo, sepan que su servidora está aquí, y con mucho gusto les echo la mano, que nada me cuesta compartir mis experiencias, técnicas y conocimientos respecto a la ceguera. Ya sea con talleres, capacitación para maestros, padres de familia u otras personas invidentes, pueden escribirme a: tess_itza_ortaceli@hotmail.com (no olviden rellenar el espacio de asunto), yo les atenderé con gusto ;-)

 

«No estás solo, vidente, déjame enseñarte mi mundo. Y tú, invidente, ven y platica conmigo, que con mi voz, te consolaré y defenderé.»

08 mayo, 2015

Definición II: Clasificación de la deficiencia visual


En sentido clínico, ya que la deficiencia visual puede presentar diferentes grados de variabilidad. Desde la ceguera hasta deficiencias visuales mínimas, para catalogar todo ese abanico de posibilidades, se distinguen entre visión parcial, visión escasa, ceguera parcial y ceguera.

À Visión parcial: cuando la persona afectada muestra dificultades para percibir imágenes con uno o ambos ojos, siendo la iluminación y la distancia adecuadas, necesitando lentes u otros aparatos especiales para normalizar la visión.

À Visión escasa: Cuando el resto visual de la persona tan solo le permite ver objetos a escasos centímetros.

À Ceguera parcial: cuando el resto visual tan solo permite captar la luz, aunque sin formas, solo bultos y algunos matices de colores.

À Ceguera: la agudeza visual es útil cuando supera un tercio de la visión 1/3, de forma que el espacio comprendido entre 1/3 y 1/10 es lo que recibe la denominación de debilidad visual o ambliopía. Son ciegos quienes padecen ceguera o no perciben nada o apenas algo de luz.

No obstante, sería conveniente distinguir entre ceguera de nacimiento y adquirida; pues el haber tenido oportunidad de percibir colores, tamaño, forma etc. Facilita enormemente la posibilidad de autonomía y aprendizaje, lo que propicia la conducta adaptativa.

Esto se debe a algo llamado «memoria visual», es decir, aquella parte de la memoria que almacena toda la información visual recolectada. Así, quien ha podido apreciar un día nublado, sabrá que el cielo se torna de un color plomizo, con las nubes bajas y que, existe una gran probabilidad de que más tarde caiga un chubasco de agua. Una persona ciega de nacimiento no tendrá el mismo concepto de nublado, si bien sea algo que desde luego se encuentra en su vocabulario y que entiende perfectamente. Para ella, la definición de un día nublado seguramente incluya la brisa fría y húmeda que empieza a correr, el propio aroma a humedad, el cambio de temperatura y de presión ambiental*. Sin embargo, le será imposible describir el color de las nubes, o comprender el significado de «nubes bajas».

*Nota: la descripción de los datos que una persona ciega recolecta de un día nublado son personales. Recordemos que todos somos distintos, y aunque su servidora no es ciega de nacimiento, desde luego, ya no se fija en el color del cielo o en la altura de las nubes para pronosticar el tiempo, sino en todas las características antes mencionadas.

Espero que este artículo les sea de utilidad, y ya saben, dudas, comentarios o sugerencias, ¡tecleen que yo los leo!

01 mayo, 2015

¿Discriminación? ¿Dónde?


No es la primera vez que oigo la expresión plasmada en el título de este artículo. « ¿Discriminación? ¿Aquí en México? ¡No, para nada, eso no se da!». Y cada vez que la oigo no puedo evitar reírme, porque aunque sí, hay lugares en donde existe mucha mayor consciencia hacia los discapacitados, la discriminación se da en todas partes del globo terráqueo. Y la explicación es muy simple: el ser humano se desconcierta / asusta ante lo desconocido, ante lo que no comprende. Por ende, la discriminación se da aquí y en China, gente, incluso en los países llamados «primermundistas».

Pero el día de hoy no voy a debatir sobre dónde hay más discriminación (qué, por otra parte, no me reporta ningún beneficio en lo personal), más bien, me gustaría compartir los eventos discriminatorios que más me han marcado a lo largo de mi vida.

Recuerdo que mientras iba a la secundaria, llevábamos la materia de física. Yo nunca he sido buena con las matemáticas, ya que aparte de ser ciega, soy disléxica. ¡A que es gracioso! A mí me da gracia ahora xD…el caso es que dentro de la materia acudíamos al laboratorio para hacer experimentos. En una ocasión, íbamos a trabajar con materiales peligrosos, y vengo yo y le explico a la profesora que me era imposible hacer la práctica. El trabajo era en equipo, así que yo propuse hacerme cargo de la compra de los materiales, a cambio de que el resto de integrantes de mi equipo hicieran la práctica. Yo iba a estar presente en ella, por supuesto, porque ellos bien podían describirme lo que pasaba en el experimento, aunque yo no trabajara directamente con la pipeta.

Pero me quedé helada cuando mi profesora se negó. «Tienes que trabajar tú misma con la pipeta», me dijo. «Si te describen lo que pasa, entonces no serán tus propias observaciones, y es como que si no estuvieras…». Me quedé tan pasmada que al principio no le respondí. Después pensé que no me había explicado bien, o sea, que el hecho de «ser ciega» no había quedado lo suficientemente claro, así que con toda la paciencia del universo, volví a explicarle a mi profesora que yo no veía —que, por otra parte, era ridículo, ya que íbamos a mitad del curso—, por aquello de que no le hubiera quedado claro. Luego, le expliqué que al no ver, corría el riesgo de quemarme si usaba la pipeta…y entonces, ella me cortó: «si vas a esperar que todos te tengamos consideración, entonces, no vas a poder mucho con este mundo, niña. El mundo, allá afuera (como si estuviera en una escuela especial) es cruel, y nadie te va a tener consideración. Te estoy haciendo un favor, créeme. Si no puedes hacer el experimento entonces, simple y sencillamente tienes cero en lo que respecta a la parte práctica de tu calificación.»

No podía creérmelo. Quiero decir, me he topado con un montón de gente ignorante en mi corta trayectoria, pero aquello era el colmo del atarantamiento —por no decir otra cosa—. En mi ingenuidad, acudí a la madre coordinadora —estudié hasta la secundaria en un colegio de monjas—, pero cuál va siendo mi sorpresa que ella opinaba exactamente lo mismo que mi maestra. Es más, tuvo el descaro de decirme que mis notas en matemáticas eran bajas —mas no reprobatorias—, y que eso no estaba bien, porque aquella era una escuela de prestigio… ¿Se imaginan mi estupefacción e indignación, no? Seguro que sí. Habían chicos suspendiendo materias, pero la monja me echó el sermón del siglo porque mis notas en matemáticas eran bajas. Le conté a mi madre lo ocurrido y, al día siguiente, ella fue a hablar con la madrecita coordinadora, porque seguramente se había puesto así conmigo por ser yo sólo una chiquilla de catorce años.

Pero mi edad no tenía absolutamente nada que ver. Las palabras exactas que la monja le dijo a mi madre fueron: «señora, si su hija no puede con el ritmo de esta escuela, entonces sáquela, que aquí no es ninguna institución para discapacitados». Mi madre estaba furiosa, y yo también, por supuesto. Al final, tuve cero en esa parte de mi calificación, pero de puro milagro no suspendí la materia. Al final, terminé la secundaria en «esa prestigiosa escuela», y me fui a otra parte para hacer el bachiller. Sé que hasta la fecha, las dichosas monjitas no aceptan en su «prestigiosa escuela» a ningún discapacitado, y que los pocos que han tenido, han sido discriminados hasta la saciedad. Más tarde o más temprano, el carma y mi sexy hermana menor se encargaron de darle lo suyo a la madre coordinadora y a la profesora que me discriminaron, aunque por desgracia, las monjas siguen haciendo de las suyas con los que «no podemos con el ritmo de su prestigiosa escuela».

Curiosamente, el siguiente evento discriminatorio más fuerte vino cuando, precisamente, intentaba por todos los medios encontrar una escuela que me aceptara para estudiar el bachillerato. Había entrado a estudiar en el sistema abierto, pero cuando llegó la hora de los exámenes y yo pedí que se me aplicaran de forma oral, el encargado de las prepas abiertas de la secretaría (sí, ¡de la SEP!) se negó en redondo, porque según él, mis maestros podían favorecerme anotando las respuestas correctas y no las que yo les diera. Para no hacerles largo el cuento, dejé el sistema abierto porque el tipejo estaba empeñado en joderme la existencia, y, encima, tuvo la desfachatez de decirle a mi madre: «señora, ¿para qué estudia su hija? Nadie le va a dar trabajo…». Por fortuna, encontré una institución que, con todo y sus sinsabores —porque como dije antes, la discriminación está a la orden del día— me permitió sacar la preparatoria en un sistema regular y escolarizado. Fue ahí donde estudié la universidad… y fue en la universidad donde ocurrió el siguiente evento:

Resulta que ya cuando estaba a punto de graduarme —en el último semestre, de hecho—, dos “simpáticas” profesoras se empeñaron en fastidiarme hasta el cansancio, basándose en el argumento de: «¿qué clase de psicóloga vas a ser si no puedes observar al paciente? ¡Tú no puedes ser psicóloga!». ¡Por favor! Si tanto les preocupaba el tipo de psicóloga que iba a ser, me hubieran soltado aquello en los primeros meses de la carrera, no cuatro años después. Afortunadamente, para ese entonces yo era un hueso duro de roer, y que me partiera un rayo si dejaba la carrera en el último semestre. Antes me daba un baño en mierda, joder. Cierto, en algunos instantes no me quedó más que morderme la lengua, porque a veces es necesario hacerlo. Aunque existan leyes, aunque existan muchas cosas, a veces, morderse la lengua y encerrarse en un cubículo de los aseos para llorar amargamente es lo único que nos queda. Eso, y aguantar los chingadazos lo mejor posible. Hubo momentos en los que no me podía contener y mal contestaba, porque aunque soy una persona paciente, cuando alcanzan mi punto de encabronamiento…más vale que corran. Mis profesoras no corrieron, desde luego, porque ellas tenían agarrada la sartén por el mango, pero tampoco consiguieron que yo desistiera de graduarme. Y me enorgullece decir que fui el promedio más alto de mi generación. No sé si sea buena o mala psicóloga, eso no lo juzgo yo, aunque por los rumores que me han llegado de la gente que ha recibido mis talleres, creo que me defiendo bastante bien ;-)

Lo que quiero que quede claro con este artículo es que la discriminación está y estará allí siempre. Pero no por eso debemos desistir, creo firmemente que los invidentes podemos hacer un sinfín de cosas, no sólo vender periódicos en las calles —y ojo, con esto no quiero decir que eso sea denigrante, uno de mis instructores de bastón blanco a eso se dedicaba, y se conocía la ciudad de punta a cabo—, no sólo pedir limosna, sino prepararnos y estudiar una carrera, y salir e intentar conquistar al mundo, como cualquier otra persona. ¿Qué no es fácil? No, no lo es, cuesta un huevo y el otro, pero vale la pena intentarlo, vale la pena pelearse con la gente, con los maestros, con tus propios compañeros de clase, porque al final, al final sólo nos quedará lo que nosotros mismos podamos hacer, porque nos guste o no admitirlo, nuestros familiares no van a ser eternos, y entonces sí, sabremos lo que es vérselas negras.

Por eso, si tienes algún conocido con alguna disminución visual, anímalo a salir de casa, a estudiar, a hablar de su problema y a burlarse de él, porque sí, cuando la vida te da la espalda, lo mejor es darle una nalgada, ¿y quién mejor que un ciego para hacer cosas con las manos? ;-)

24 abril, 2015

Definición I: La visión

Definición:


La función visual consiste en la forma de los sujetos para recoger, integrar y dar significados a los estímulos luminosos captados por su sentido de la vista, siendo el ojo el órgano receptor de esa energía física, transformada en energía nerviosa mediante el quiasma óptico, con el objetivo de enviarla al cerebro para procesar esa información, obtener significados y elaborar conceptos.


Deficiencia visual:


La baja visión puede permitir a quienes la padecen desplazarse en forma prácticamente normal, puesto que caminar, correr y otras actividades motoras no requieren visión fina. Por lo tanto, es frecuente que niños con baja visión sean prejuzgados como flojos, lentos, tontos o latosos a consecuencia de que ellos no saben que ven mal (puesto que no conocen lo que es “ver bien”), no saben explicar su carencia y sus papás o sus maestros, no han sabido detectar la causa de sus necesidades especiales.


Aspectos relacionados con la deficiencia visual.


Entre los aspectos más relacionados con la deficiencia visual se encuentran: la agudeza visual, el campo visual, el cromatismo visual, la sensibilidad al contraste, la acomodación, la adopción/regulación a la luz/oscuridad y la visión binocular:


À Agudeza visual: Va referida a la habilidad para discriminar objetos a distancia, determinada por el tamaño y la distancia de la imagen respecto de nuestra retina. Para su medición, son bastante conocidos los carteles de letras o signos con el objetivo de tomar mediciones en torno a 5 metros.


À El campo visual: hace alusión a todo el espacio que el ojo, estando en reposo, puede percibir cuando enfoca un objeto, pudiéndose distinguir entre campo visual central y periférico.


À El cromatismo visual: Posibilidad de diferenciar colores.


À La sensibilidad al contraste: pone de manifiesto la discriminación entre figura y fondo.


À La acomodación: se refiere a la capacidad de enfoque por parte del cristalino.


À La adaptación/regulación a la luz u oscuridad: Permite la visión tanto con luz como en penumbra, o incluso en la oscuridad.


À La visión binocular: facilita el obtener una misma imagen con los dos ojos, pero desde distintos ángulos, imprescindible para medir distancias y la visión tridimensional.


En base a estos últimos puntos, es necesario entender lo siguiente:


*Cada invidente es diferente, de la misma manera en la que cada ser humano es distinto. Así, algunas personas podrán percibir luces, otras definitivamente no podrán percibir nada, mientras que algunas más serán capaces de leer libros impresos con gafas o lupas especiales. Más adelante hablaré un poco de la clasificación de los tipos de ceguera. Otra cosa que es necesario tener en cuenta es que a algunas personas se les nota a simple vista la disminución visual, bien sea porque sus ojos presentan alguna anormalidad notoria, o bien porque tienen los párpados cerrados, pero hay otras que pasamos completamente desapercibidas, ya que nuestro ojo no tiene mayor afección, sino que el daño se encuentra a nivel del nervio óptico o a nivel cerebral, dependiendo del padecimiento. Lo más fácil para identificarnos es el uso del bastón blanco, o la compañía de un perro lazarillo.


*Existen personas que pueden realizar muchísimas actividades a la perfección, incluso que pueden leer libros impresos con ayuda de unos anteojos, pero que a la hora de desplazarse presentan dificultades con los escalones y a menudo se tropiezan o caen. Estas personas no se están haciendo las interesantes. Simple y sencillamente, su afección radica en el campo visual, y es probable que necesiten de un bastón blanco para poder desplazarse mejor.


*Existen algunas patologías en las que el ojo es incapaz de regular adecuadamente la entrada de luz. Esto puede provocar constantes dolores de cabeza en los individuos que sufren algunas de estas patologías, o incluso mareos que acaban en desmayos. Por fortuna, esto puede corregirse con lentes especiales. Otras personas ocupan lentes oscuros para evitar la luz, ya que en su caso es probable —mas no cierto del todo— que hayan sido sometidos a cirugías y por ende, la iluminación intensa les moleste. Así que si ves a alguien con gafas oscuras andando por la calle en compañía de un perro, por favor, no seas imprudente y apártate. Sí, quizá sólo se trate de algún transeúnte que esté sacando a pasear a su mascota, pero más vale prevenir que lamentar, ¿no crees?


Voy a ponerme de ejemplo para que quede un poco más claro: mi enfermedad ocasionó que mi nervio óptico quedara blanco como un vampiro, lo que implica que la transmisión de electricidad no llegue correctamente al cerebro y, por ende, no se puedan reproducir las imágenes. Por eso en mis fotografías salgo con los ojos abiertos aunque, si se fijan, un ojo sale mirando hacia un lado y otro ojo hacia otro, como un camaleón. Esto es también propio de mi enfermedad, y me ocurre con los flashazos de luz, ya que mi ojo izquierdo sólo percibe eso, luz, así que cuando esta hace acto de presencia digamos que se emociona y pega un brinquito, como buscándola =P


Sin embargo, poseo absoluto control sobre mis globos oculares, lo que para algunas personas esto no es posible, por lo que si un médico les pide que sigan la luz, naturalmente no podrán hacerlo. Explico esto porque me he topado con personas ciegas que se molestan cuando los médicos les hacen esta petición al ir a la consulta, porque según ellos, los médicos deberían saberlo todo sobre la ceguera. Nanai. Nadie sabe todo sobre todo, corazones. Podrán ser médicos, pero al final del día son mortales como nosotros. Incluso los oftalmólogos no lo saben todo sobre los ojos, basta con ver cómo algunos oftalmólogos detectan a la primera ciertas enfermedades, mientras que otros, no. Y eso no los hace peores ni mejores. Simplemente, son gente, y uno debe recordar que hay un sinfín de patologías relacionadas con la vista, y que dentro de esas enfermedades, cada ser humano reacciona de distinta manera. Así que la próxima vez que en la consulta el médico te pida algo que no puedas hacer, simplemente explícaselo, como también puedes explicarle lo que sí puedes hacer. No te desesperes, la desinformación no tiene nada personal contra ti, es una cosa que pasa en todos los rincones del mundo y en todas las clases sociales.


Pero volviendo al ejemplo: mi afección visual no me permite distinguir entre figura y fondo. Esto significa que lo que yo percibo es una enorme mancha, como cuando sobre un cuadro al óleo se te riega algo y se mezcla y chorrea todos los colores, perdiéndose las formas. Aunque en mi caso, tampoco hay colores. He establecido algunas técnicas para saber qué color es cual, debido al brillo o la luminosidad que pueda tener, pero la gran mayoría de veces necesito de ayuda en cuanto a colores se refiere. Lo que sí percibo son las cosas oscuras o que hacen sombra, por lo que siempre digo que vivo en un lindo mundo de claros y manchitas xD. En lo referente al campo visual, mi distinción es muy corta, quizá del diámetro de un tubo de papel higiénico en el ojo derecho, y de una moneda de a peso en el ojo izquierdo. Incluso eso, hay personas que pierden la visión central, y otras que perdemos la visión periférica, por lo que…uff, creo que con eso se pueden dar una idea de la cantidad de diferencias que hay entre un ciego y otro.


Todo esto lo aclaro no para que se nos tache de raros, sino para que se den cuenta de que hay muchísimos factores que afectan a la visión, y que por ello algunos podemos hacer unas cosas y otros otras, en lo absoluto significa que estemos fingiendo ni nada por el estilo.


Espero que les gustase la entrada, ya saben, dudas, comentarios o sugerencias, ¡tecleen que yo los leo!